Cuando los escalofríos, los temblores corporales y el dolor de cabeza punzante se apoderaron de mi cuerpo por primera vez, estaba a 30,000 pies sobre el océano Pacífico, a mitad de un vuelo de 14 horas hacia Manila, en Filipinas. Mi hogar en Baja California Sur, México, quedaba a unos 5,000 kilómetros detrás de mí. Y no tenía idea de qué patógeno se había escondido en mi sangre antes de mi partida.
Cuatro días después —tras múltiples visitas a farmacias y a una pequeña clínica en una isla— una batería de análisis de sangre finalmente reveló qué estaba devastando mi cuerpo: dengue, también conocido como la fiebre quebrantahuesos.
Fiel a su nombre común, fueron los dolores corporales agudos y casi paralizantes en los tobillos, las pantorrillas e incluso entre los dedos los que llevaron a mi equipo médico filipino a realizar la prueba de dengue.
El virus tiene una larga historia tanto en Filipinas como en México. Pero el dengue apenas había pasado por mi mente mientras vivía el último año en el árido desierto subtropical de Baja California Sur. Aun así, justo antes de mi infección en septiembre de 2025, una serie de tormentas tropicales empapó el paisaje, volviéndolo verde y propicio para la propagación de mosquitos.
El séptimo día desde el inicio de mis síntomas, fui hospitalizado cuando el conteo de plaquetas en mi sangre cayó a niveles peligrosamente bajos.
Las huellas del cambio climático
El dengue se ubica ahora como la enfermedad transmitida por mosquitos de crecimiento más rápido y una de las más comunes en el mundo. En los últimos años, los casos se han acelerado en partes de México, América Latina y el sudeste asiático, impulsados por la globalización y el cambio climático, según múltiples estudios recientes.
Las investigaciones climáticas ahora pronostican un aumento significativo en la exposición y transmisión del dengue para mediados de siglo, a medida que aumentan las temperaturas globales, afectando tanto a las regiones donde ya circula como a zonas más frías donde históricamente los brotes han sido menos comunes.
“El cambio climático permite que los mosquitos puedan moverse a lugares donde antes no podían subsistir”, dijo José Ramos-Castañeda, experto en dengue del Centro de Investigación sobre Enfermedades Infecciosas de México, en Cuernavaca.
Los mosquitos que propagan el dengue
Los responsables de la propagación del virus son el mosquito común Aedes aegypti y, en algunos lugares, el Aedes albopictus.
Ambas especies transmiten el virus a los humanos a través de picaduras en la piel. Aunque una persona con dengue no puede infectar directamente a otra, los mosquitos propagan la enfermedad cuando pican a una persona infectada y luego a otra víctima.
Ambas especies prefieren entornos urbanos y pican durante el día. También transmiten los virus de la fiebre amarilla, el Zika y el chikunguña.
Las hembras se alimentan de sangre humana y animal para obtener proteínas que sostengan la producción de huevos (los machos no pican). Depositan sus huevos en agua estancada, a menudo en pequeños recipientes como llantas o escombros. Un solo mosquito puede vivir hasta ocho semanas y alimentarse de múltiples personas durante ese tiempo.
A nivel mundial, los mosquitos causan más de 700,000 muertes al año, lo que los convierte en los animales más letales del planeta. Y, en ciertos sentidos, nuestro planeta se está volviendo más hospitalario para ellos.
Cómo el calentamiento global favorece el dengue
La transición hacia un mundo con más dengue ya está en marcha.
En 2024, los aproximadamente 14 millones de casos registrados de dengue marcaron un récord mundial, más del doble del récord de cerca de siete millones establecido el año anterior, según un estudio de 2025 publicado en el International Journal of Infectious Diseases.
Muchos casos no se reportan, por lo que los expertos estiman que el número real oscila entre 100 millones y 400 millones al año.
Un análisis publicado en otoño de 2025 en Proceedings of the National Academy of Sciences presentó la estimación más completa hasta ahora de cómo los cambios de temperatura afectan la propagación del dengue.
La investigación muestra que las temperaturas más altas derivadas del cambio climático contribuyeron en promedio al 18% de los casos de dengue en 21 países de Asia y América entre 1995 y 2014. Esto se traduce en millones de nuevas infecciones cada año.
Combinado con modelos climáticos futuros, el estudio también mostró que los casos de dengue probablemente aumenten entre un 49% y un 76% a nivel mundial durante los próximos 35 años, dependiendo de cuánto aumente la contaminación que atrapa el calor en la atmósfera.
Para México, un escenario climático intermedio resultaría en un aumento del 147% de dengue en el estado de Jalisco, hogar de Guadalajara, la segunda ciudad más poblada del país. Se prevén incrementos similares en Chihuahua y Baja California, mientras que el Estado de México, en el centro del país, experimentaría un aumento del 267%.
Un patrón importante surgió en múltiples países y continentes: las regiones de mayor altitud y más alejadas del ecuador, donde el dengue ya aparece de forma ocasional, comenzarán a registrar aumentos significativos en la transmisión.
“Los lugares más fríos realmente destacaron”, dijo Kelsey Lyberger, ecóloga cuantitativa de la Universidad Estatal de Arizona y coautora del estudio.
La combinación de variables climáticas y transmisión
En el estado de Baja California Sur, un brote de dengue en 2013-2014 provocó un aumento del 650% en las infecciones registradas.
Con más de 8,000 casos reportados, fue una epidemia sorprendente para el estado más seco de México, donde el promedio histórico de lluvias es inferior a siete pulgadas (176 milímetros) al año.
Aunque los datos científicos son limitados y contradictorios sobre la relación exacta entre las lluvias y las tendencias del dengue, los avisos de salud y las alertas comunitarias en México y otros países suelen seguir a huracanes y tormentas tropicales que traen lluvias estacionales.
También se registraron brotes anuales en Baja California Sur en 2023 y 2024, afectando particularmente a Los Cabos y La Paz, donde pasé la mayor parte de mi tiempo justo antes de mi infección.
Los expertos saben que los cambios en los patrones de lluvia, las tormentas tropicales, los huracanes y las inundaciones influyen en la actividad de los mosquitos y en la transmisión del dengue. Sin embargo, es difícil precisar el papel exacto del cambio climático en estos factores.
Lyberger señala ejemplos de cómo las tormentas pueden influir de manera compleja en la transmisión del dengue: huracanes más frecuentes y destructivos pueden romper mosquiteros, permitiendo que los mosquitos entren en las viviendas. Las tormentas también pueden destruir hogares, dejando a las personas desplazadas más expuestas a las picaduras.
Además de las variables climáticas, el crecimiento exponencial del comercio y los viajes globales en las últimas décadas también está transportando huevos de mosquitos y personas infectadas con dengue a través de las fronteras a un ritmo sin precedentes.
Las llantas, por ejemplo, son un hábitat ideal para los huevos de Aedes aegypti, que pueden permanecer inactivos durante meses durante el transporte. De manera similar, yo mismo me convertí en un posible vector internacional de dengue cuando viajé de México a Filipinas y fui picado por mosquitos locales.
Este tránsito global es relevante porque existen cuatro subtipos del virus del dengue (dengue-1, dengue-2, dengue-3 y dengue-4).
Aunque una persona suele adquirir inmunidad de por vida a un subtipo tras la primera infección, sigue siendo vulnerable a los otros tres. Además, una segunda o tercera infección puede ser más peligrosa que la primera, aumentando el riesgo de dengue hemorrágico potencialmente mortal, caracterizado por fuga de plasma y hemorragias. La globalización parece estar exponiendo a las personas a múltiples subtipos con mayor frecuencia.
“Probablemente aún existan algunos lugares con un solo serotipo, pero esto es cada vez más raro con la globalización, el transporte y los viajes”, señaló Lyberger.
Hoy en día, los cuatro serotipos están presentes en México.
La bacteria que combate el dengue dentro del mosquito
Una estrategia comunitaria de defensa contra el dengue que está creciendo a nivel mundial suena contraintuitiva: liberar millones de nuevos mosquitos en regiones donde el dengue se está propagando. Pero no se trata de mosquitos comunes.
Los mosquitos liberados son machos infectados con una bacteria natural llamada Wolbachia. Cuando estos mosquitos se reproducen con hembras silvestres de Aedes aegypti, transmiten la Wolbachia, que reduce la transmisión del dengue a los humanos al dificultar que el virus se reproduzca dentro del mosquito, según el Programa Mundial de Mosquitos, que lanzó este método en 2011.
Solo este año, México ha liberado decenas de millones de mosquitos con Wolbachia en zonas específicas donde se han registrado brotes de dengue.
Muchas de estas comunidades también fumigan las calles, llenando el aire con una niebla de insecticida dirigida a matar mosquitos adultos. Las agencias de salud también recomiendan el uso generoso de repelente.
Lyberger afirma que el método de “voltear y desechar” el agua estancada es efectivo para quienes buscan eliminar mosquitos peligrosos o sus huevos en sus hogares o propiedades. Consiste en identificar y eliminar el agua acumulada en recipientes, superficies y otros posibles criaderos del Aedes aegypti.
Tratamiento médico del virus
Desde el punto de vista médico, no existe un medicamento específico aprobado para tratar el dengue. Varios antivirales se encuentran en fases de prueba y muestran resultados prometedores.
También han surgido vacunas, incluida Dengvaxia, que fue aprobada en México y otros países en 2015. Sin embargo, los riesgos médicos y el acceso limitado dificultaron su distribución y efectividad, lo que llevó al fabricante a suspender su producción el año pasado.
Ramos-Castañeda señaló que una estrategia farmacéutica más viable podría ser determinante en los próximos años.
“No creo que [el dengue] sea una cuestión catastrófica a largo plazo”, dijo. “Yo creo que la vacuna va a ser un factor determinante en el control del dengue en el futuro”.
Una recuperación prolongada
En el hospital donde fui tratado por dengue, líquidos intravenosos las 24 horas y una leve mejora en mis resultados sanguíneos tras dos noches me permitieron salir de allí con un régimen de medicamentos básicos, suplementos y una dieta estricta.
Mi recuperación total tomó más de seis semanas, especialmente en lo que respecta a la función hepática, ya que mis niveles de enzimas se dispararon un 2,000% por encima de lo normal. Los médicos recomendaron vitaminas, hidratación, descanso y restricciones dietéticas, como evitar el alcohol.
Cuando mi último análisis de sangre finalmente salió normal, ya estaba de regreso en Baja California Sur y recibiendo mensajes semanales de amigos que me decían que habían contraído dengue.
Para una amiga, fue su tercera infección desde la juventud. Ella no sabía que una segunda o tercera infección podía ser más peligrosa que la primera.
Otra amiga, que estaba embarazada, también se infectó, lo que representó riesgos particulares para su feto.
Lo único que pude ofrecer fue llevarle comida, un abrazo y un resumen de los consejos médicos que aprendí a partir de mi experiencia: evitar la aspirina, que puede afectar la sangre y empeorar los síntomas; realizar múltiples hemogramas completos para entender qué ocurre en el organismo (especialmente los niveles de plaquetas); y evaluar la función hepática, que puede deteriorarse más de una o dos semanas después del inicio de los síntomas.
Difundir este conocimiento básico podría ser un paso práctico y clave para enfrentar nuestro probable futuro con una mayor exposición al dengue.
Great Job Tree Meinch & the Team @ Yale Climate Connections Source link for sharing this story.





